miércoles, 15 de mayo de 2013

Revenge (Parte 2: Trabajos sucios)

Una taza de capuchino con demasiado azúcar acompaña a Max en su momento de catarsis. Agustina, su amor de la infancia, lo acompaña en su momento de pena. La perdida de un pariente siempre conmovió a Agustina. Máximo recuerda que una vez en el secundario, ante la noticia de la muerte de la abuela de una compañera, lloró media hora en el baño. Era una adolescente muy sensible. Y lo sigue siendo.

Los hijos que la mujer tenía con Benito Torres corrían por todo el living, jugaban, se reían. La felicidad dentro de esa familia se veía a kilómetros. Agustina escuchaba como Máximo contaba su historia. Como no pudo hacer nada, que sostenía que su abuela no tenía nada que ver y que si permanecía en la cárcel probablemente moriría allí. Agustina lo entendía, hasta que llegó el momento de mayor necesidad del joven y   lo abrazó. Máximo se siente bien, y rápidamente confunde ese abrazo con algo más, suelta a Agustina y la besa. Sus labios se tocan, mojados, se unen. Entonces se escucha el ruido de la llave pasando por el picaporte y entra Benito a la casa. Máximo lo odia una vez más. Eso beso fue autentico. Como los que él siempre tuvo con Agustina. Sintió todas las sensaciones que un beso de amor te hacen sentir.



Pero el beso quedó atrás. Agustina saluda a su marido con un beso en la boca y entonces ocurre.

-Veni dale, Benito, te acordás de Máximo Lagreca, era compañero nuestro del secundario.

-Como olvidarlo, ¿Qué haces Max?

-Todo bien, ¿Vos?

-Bien, bien, tenemos mucho que hablar no, ¿Te quedás a cenar?

-Me encantaría. Paso al baño y enseguida estoy con ustedes.

Máximo pasa al baño. Pero no tendría que haberlo hecho. Las paredes de la casa de Benito son traicioneras. Y Máximo tiene muy buen oído.

Agustina en la cocina hablando con Benito.

-¿Para que lo invitaste?

-¿Qué no te cae bien? Si estaban tomando un café cuando llegué.

-Sí, pero esta medio chapita, me encaró un beso el muy desubicado. No sé que le pasa.

-¡¿Te besó?!

-Sí, pero le corrí la cara enseguida, menos mal que llegaste porque si no le tenía que meter una cachetada.

Máximo se queda paralizado, sale del baño y va directo hacía su mochila, toma un sobre y lo deja sobre la mesa del living donde la taza de su capuchino con mucha azúcar sigue en esperándolo por la mitad. Sale de la casa y se sube a un taxi.

Tardaría exactamente 49 segundos Agustina en recorrer de la cocina al living y abrir el sobre para ver las fotos de su marido teniendo sexo con una compañera de trabajo. 1:30 minutos en reaccionar y en empezar a gritar y 15 minutos después ya estaba prácticamente separada y Benito en la calle, sin nada más que lo puesto. Esos 17 minutos y medio duraron horas para Agustina. Pasó toda la noche llorando. Y sus hijos no volvieron a corretear por el living con felicidad después de esa tarde.


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