Bruno, el hijo de Lagreca con una perversa maestra de jardín de infantes, medio hermano de Máximo. El hermano no reconocido toca el timbre y es atendido por Máximo. Lo abraza. Un abrazo seco, pero sentido en el fondo. Bruno recibe una taza de café hecho por Renata, que se encuentra sentada en uno de los sillones del living, y se acomoda en el sillón frente a Max.
-Me parece hermoso que hayan decidido unirse a nuestro plan, y más aún si no lo haces solo hermanito.
-Su plan nos va a ayudar mucho (acota Renata desde su lugar)
-Es un plan seguro y no tiene fallas.
-Imagino que papá lo habrá estudiado detalladamente.
-Así es, él y mi madre tienen todo listo. (Bruno saca un sobré de dentro del saco) acá están todos los detalles. Les explico:
Lo primero que aremos será utilizar esta casa como estuche para guardar unas mercancías que tenemos que llevarnos del otro lado. La guardaremos debajo de este hermoso piso de madera, así nadie sospechara nada, durante unas semanas. Luego pasaremos a hacer público el reencuentro entre nosotros, tengo entendido que vos Max vas una vez por semana a un psicólogo, le contarás que me conociste, que nos reencontramos y que el día elegido para el plan nos vamos a encontrar en esta casa.
Luego simularemos una cena familiar de reencuentro en esta casa y fingiremos que tras beber grandes sumas de alcohol nos ahogamos accidentalmente en la piscina.
-Es ridículo (acota Máximo) es un plan estúpido. ¿5 personas mueren ahogadas? Eso no existe. Hay que hacer algo más original, una muerte que haga que nadie dude. Un acto que todos vean.
-Hay que prender fuego la casa. (Dice Renata)
-Y yo que me creía una mente criminal... No será un poco mucho (dice perturbado Bruno)
-No, Renata tiene razón, es el plan ideal. Una muerte que nadie dudaría. Muertos calcinados.
Bruno saca del bolsillo del saco su celular táctil de último modelo y llama: Hola papá, cambio de planes.

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