Max mira el cielo, se hamaca en una hamaca de la plaza. Mira los pájaros. El frío del invierno ya llegó a su pequeño pueblo. Las heladerías ya hace tiempo se dedican a vender tortas y cafés, abandonaron los helados hace semanas. Mira a su alrededor. Piensa que debe ir al oculista. Se cuestiona si en su otra vida tendrá tiempo de ir al oculista. Si se podrá hacer eso, supone que se puede.
Mira la gente pasar. Mira los nenes repletos de abrigos correr por la plaza. Mira el mundo a su alrededor. Entonces ocurre. No ve paz. Todos están en paz menos él. Su pequeño castillo de mentiras se derrumba ante la realidad ajena. No puede vivir más de esta manera. No puede seguir en un mundo en donde nadie lo considera más que un mentiroso.
Nada de lo que ve le parece justo. Entonces por primera vez se imagina su futuro. Irá a la cárcel, lo sabe. Pero no le preocupa, no tiene miedo. Ya no.
Su iPhone suena. Max responde. Renata le grita a viva voz del otro lado. Llora. "Juan se esta prendiendo fuego adentro de la casa" "¿Qué casa?" responde sin entender Máximo, "¡Tu casa pelotudo!"
Máximo mira la plaza, mira a su alrededor. Sale corriendo y se sube a su Ford Ka negro, acelera a toda marcha. El final estaba cerca. Lo sabía.
Max mira hacia atrás aparecen caras, expresiones, recuerdos. El día que conoció a Carolina, y como la perdió aquella noche en el baño. Recuerda a Ester, y lo triste que era ella en el pueblo. A Renata, a la prostituta que contrató hace meses para que sea su novia y ahora lo es en la realidad. A Nancy y su accidente. A Norma, las mentiras que le dijeron y su final en la cárcel. A Agustina, el amor de su adolescencia y a quien arruino la vida hace horas. A Mariana, la camarera, y cuando descubrió que en realidad trabajaba para su padre. En Lorna, la psicóloga que lo ayudo a cambiar su forma de mirar las cosas. A Sol y Franco, y como terminaron desapareciendo hacia Tierra del Fuego para que dejaran de estorbar en la historia. A Juan, quien estuvo siempre a su lado, que lo apoyó y jamás lo dejó errar. Y por ultimo a Pablo, su amigo incondicional y su accidente en España que le costó la vida. Piensa en cada uno de ellos mientras acelera. Piensa en su madre, la Niña Buena, la mujer que más problemas le trajo y que jamás estuvo cuando la necesitó.
Máximo llega a la casa, la mira, el fuego ya tomó la mayor parte, pero a él no le importa y entra, se lanza a las llamas. corre por su amigo. A él no le va a fallar. Corre entre las llamas de la cocina, se quema la mano izquierda y mientras el dolor lo hace gritar agradece por dentro que no se tratara de la derecha. Sigue corriendo. Llega al living y ve a Juan tirado en el sillón en llamas. Lo levanta y lo hace salir por la puerta que lleva al deck y a la pileta. Lo tira dentro. Para que las llamas que lo rodeaban se apagaran, revisa que su amigo reaccione.
Entonces vuelve a entrar.

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