miércoles, 24 de abril de 2013

El Ultimo Día de Nuestras vidas

Max se ducha, su cuerpo desnudo se relaja bajo el agua caliente que cae sobre su espalda hasta llegar a sus pies. Una mujer entra en el baño, se desnuda y lo abraza por detrás acompañándolo. Max se voltea y se encuentra con Ester.
El joven abre los ojos, era un sueño, a su lado su novia de hace unos días, Mariana, duerme tranquilamente. La televisión sigue encendida tal cual a como la dejaron la noche anterior. Max se levanta del sillón en donde estaba, se cambia de ropa y sale a correr.

Juan baja a desayunar para encontrarse con un desayuno muy bien armado e increíblemente completo, demasiado completo como para que alguno de sus amigos lo haya hecho. Mariana está detrás de ese misterio, la camarera se presenta segundo después con una bandeja llena de tostadas recién hechas. Renata está distante, rara, casi no habla con Juan, están divididos casi, la ex prostituta lo único que hace es desayunar en silencio mientras su novio le hace preguntas que ella evade con monosílabos.

Al regresar Max de su circuito matutino se une a ellos en el desayuno, se ducha y luego se va a la universidad. Juan se queda en casa como siempre mientras que Renata sale con algún pretexto estúpido para encontrarse con Laura y organizar la mejor manera de decirle a Juan de su embarazo.

Renata llega a la parada de autobús y se sienta a esperar que llegue el suyo. A su lado una mujer rubia, muy hermosa también espera a su autobús. Renata ve como la chica se suena varias veces la nariz, parece enferma, en un momento u otro su bus llegará. La rubia entra al negocio a sus espaldas para cargar su tarjeta magnética, la cual remplaza el boleto, entonces el bus llega, la rubia corre pero no lo alcanza, termina tirada en el medio de la calle por un tropezón, dejándola allí tirada, llorando.

La cuchara revuelve una y otra vez el café que la rubia minutos antes le encargó al camarero. Renata la acompaña y bebe junto a ella un capuchino doble.

-Todavía no te pregunté a donde ibas que era tan importante.

-A una clínica de la capital, en las de acá no me hacen los analicis que necesito.

-Debes ser analicis importantes entonces.

-Lo son, de esos que una jamás se quiere hacer, pero que si no se los hace no podrá dormir por el resto de su vida.

-¿Alguna cosa grave?

-Soy abogada, y trabajo hace años en la municipalidad, me encargo de la agenda de la intendente Klein. Hace unos días una de esas inútiles de limpieza se olvidó de poner uno de esos carteles de piso mojado, bajé corriendo las escaleras y me resbale. En la clínica me hicieron una resonancia en la cabeza para ver si había alguna que otra secuela.

-¿Y había algo?

-No, nada. Pero había otra cosa. Un tumor cerebral, de esos que te nacen y 6 meses después estás acostada 3 metros bajo tierra. (Las manos de la rubia comienzan a temblar y sus ojos se llenan de lagrimas)

-¿Cómo te sentís?

-Bien, dentro de todo. Fue culpa mía.

-¿Qué cosa?

-Hace 6 meses me advirtieron de que podía haber algo, hice oídos sordos, y acá estoy ahora. Incurable.

-Es terrible.

-Hoy renuncié a trabajar con esa loca corrupta de la intendente. Una psicópata total. Le dije todo lo que pensaba. Ya estoy harta.

-¿De qué?

-Estoy cansada de ser esto. Una mujer de hielo, fría. Es por eso que ni bien me digan cuanto tiempo me queda me voy a ir, lejos, adonde nadie me encuentre. Aunque me queden 3 meses o 2 horas quiero vivirlos en feliz, en paz, lejos de este pueblo en donde malgasté toda mi vida. El ultimo día de nuestras vidas no tiene que ser un día más, tiene que ser el mejor ultimo día, me voy a ir y nadie va a tener que cargar con esta enferma.

-Alguna vez sentí lo mismo, esas ganas de cambiar, de tirarlo todo a la mierda. Pero no es la solución. (Renata le alcanza su celular a la rubia) Llama a tu marido, a tus hijos, a tu familia y contarles por lo que estas pasando, ellos quieren pasar esos últimos momentos con vos, quieren estar a tu lado, apoyarte.

-No puedo hacerles eso, no voy a transformarme en esa carga.


La rubia se levanta, se acerca al oído de Renata y con vos suave pero segura le dice: "No dejes que el miedo al rechazo te paralice, aunque rías o llores los problemas van a seguir estando igual, simplemente enfrentalos." La rubia se levanta y se va del bar, dejándola a Renata paralizada mirando un punto fijo, al salir del local camina hacia un puente a breve distancia y sin dudarlo se lanza y cae sobre las vías del tren que se encontraban debajo. Los clientes del bar corren a ver lo ocurrido y a auxiliar horrorizados por la escena. Todos salen disparados, todos excepto Renata que sigue paralizada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario