Pablo ya no estaba entre nosotros, pero si hubiera estado allí hubiera obligado a Max a llamar a Norma (su abuela) y le hubiera exigido que diga toda la verdad sobre su separación con Ester, y de como ella lo dejo por Ricardo (Richy para los amigos) el ex gay entrenador del gimnasio, escapando ambos a Hawai
Pero Pablo no estaba...
Así qué le mentirá debía continuar para evitar que todo el mundo de perfección de Max se derrumbara.
La casa de Max era de estilo moderno, tenía una planta alta en donde se encontraban 2 cuartos (uno en suite y otro para invitados) y un gimnasio (construido en una vieja repostería, después de lo ocurrido con Ester Max se niega a pisar un gimnasio que no sea el de su casa), en el piso basé estaba la cocina, comedor, living y en el fondo una linda galería (repleta del desorden que ocupaban las cosas que se encontraban la repostería ahora gimnasio) un deck de madera con reposeras y sombrilla que da la pileta. Una casa de sueño. Muchos decían que el dueño anterior no era nada más ni nada menos que Marcelo Tinelli, pero la gente de hoy en día delira cualquier cosa.
Max tenía la cabeza ahogada de pensamientos de como hacer para no perderlo todo, mientras saboreaba su licuado de durazno al borde de la pileta se veía dentro de unos días juntado cartones en la calle. Pero fue entonces que a Juan (amigo y inquilino de Max) se le ocurrió una idea brillante, "la idea del siglo" la llamaron meses luego cuando narraban esta historia.
Eras las dos de la mañana mientras Max y Juan recorrían con su Ford Ka las calles más pobres y deshonestas de la ciudad, buscaban algo, algo que no era fácil de encontrar. Bueno al menos para ellos que no estaban acostumbrados a buscar lo que buscaban.
Una prostituta, pero no cualquier prostituta, una prostituta bien, linda, alta, morocha pero de piel blanca, una prostituta ideal.
Entonces la vieron, hermosa, cruzando la calle, nunca se había una mujer tan linda en barrios tan bajos, era la indicada, la novia ficticia ideal.

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