jueves, 16 de mayo de 2013

Salvación. .

Máximo se levanta, el fuego lo rodea. Corre hacia Renata, la levanta del suelo y la saca por la puerta principal.



La lleva en sus brazos aún inconsciente. Afuera de la casa los médicos de la ambulancia los auxilian. Los bomberos llegan a toda prisa y comienzan a apagar el incendio. La policía va corriendo hacia Max y lo arresta.
Todo parece un gran escenario para la mirada de algunos vecinos de la calle Los Olmos que observan todo desde afuera de sus casas, entre ellos Lorna Pérez habla con Ricardo (Richy para los amigos) y su novio de Hawaii. Comentan lo bajo que cayó la situación en la casa de Max. Y lo relacionan con el suicidio del viejo Jaime Vergas y su suicidio. Máximo los mira, sabe que hablan de él. Los conoce.

Máximo se resiste a los oficiales pero ellos lo mantienen quieto y le ponen las esposas. Lo toman por un brazo y lo llevan hacia el patrullero. Mira por ultima vez la casa, se imagina a Pablo dentro de ella, sonriendo desde el interior, caminando entre las llamas. Pero su fantasía desvanece inmediatamente.

Entonces Max concentra su mente, respira. Mira el cielo, es un hermoso día. Soleado. Toma una bocada de aire y se tranquiliza. Camina despacio y entra al patrullero.



Mira por la ventanilla. Ve a Renata, la auxilian los médicos, pero sigue inconsciente, se pregunta si se va a mejorar, no lo sabe. Ve a Juan, la policía lo interroga mientras un medico le cose una herida en la ceja, no sabe que le preguntan, pero sospecha que se trata sobre el incendio. Luego ve a los vecinos, mira a Lorna Pérez, aquella que alguna vez fue su terapeuta, la nota preocupada, la saluda con la mano y ella luego de procesar el saludo durante unos segundos se lo responde del mismo modo.

El Patrullero se aleja, recorre la avenida Los Olmos con cierta tranquilidad, pasa por el Ombú que Max en su adolescencia visitaba, por la casa que alguna vez fue de Carolina. Por la casa de Benito Torres. Pasa por el centro. Y termina por entrar en la autopista, saliendo del pueblo, alejándose del lugar que Max tanto ama y que el resto del mundo parece tanto odiar.

Por un segundo Max se pregunta si alguna vez volverá. No lo sabe. Pero no tiene miedo, está entregado. Va a tomar su estadía en la prisión como un castigo por tantas mentiras. Por haberse metido en actos ilegales. Por todo lo malo que hizo. Max se va... ¿Volverá? Esa es otra historia...

Trastornados. De la Muerte Regresados. .
Fin. .




Un día perfecto.

Max abre los ojos. Todo a su alrededor tiene un brillo descomunal. Reconoce inmediatamente el lugar. Un pequeño bosque no muy lejos de las avenida Los Olmos donde jugaba cuando era niño.

Se levanta con dificultad y camina, sabe donde debe ir. Al lugar de siempre. Un Ombú muy antiguo, enorme, en donde él y Pablo se encontraban siempre. Llega al lugar y se ve a si mismo. Joven, a los 14 años. Esperando sentado a que el amigo llegue. A su lado la bicicleta que su abuela le había regalado para la disfrutara los fines de semana que pasaban en el pueblo.



Entonces Pablo llega. Max no escucha lo que dicen, pero lo supone. Ve como se saludan y se van juntos a andar en bicicleta. Detrás de él, Pablo (Adulto) lo acompaña mirando la escena.

-Hace mucho que no venías al Ombu.

-¿Estoy Muerto?

-No Max. Estás inconsciente. Y si no despertás las llamas de fuego que te rodean te va a matar.

-Todo esta perdido afuera.

-No Máximo. algunas cosas se pueden arreglar.

-Nada se puede arreglar. Si me quedo me muero. Si salgo voy a ir preso.

-Elegir no es fácil para nadie Max.

-Te mentí.

-¿Sobre que?

-No te hagas. Se lo que pasó ese día. Cuando eramos chicos. Te dije que tu reloj se había perdido. Era mentira. Lo tiré al río, envidia.

-Siempre lo supe. Era más que obvio. Mentías todo el tiempo.

-¿Lo sabías?

-Todos lo sabíamos. Todos.

-¿Por qué nunca dijiste nada?

-Porque no me importaba ese reloj. ¿No te acordás? Mi padre me lo había regalado al día siguiente que se fue de casa. Al día siguiente que me abandono a mí y a mí mamá.

-Es verdad.

-Max, yo te quería como eras. Eras mi amigo por lo que eras, y si hubieras sido una persona distinta, las cosas no hubieran sido como lo fueron.

-Perdón Pablo. Jamás quise que nada de esto pasara.

-Te perdono.

En ese instante todo se disuelve, los arboles se derrumban, el ombú y los nenes se desvaneces y Max despierta.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Fuego


El fuego quema las culpas, dicen.



Pero no fue precisamente lo que ocurrió con Max, el fuego quemo todo su mundo, su casa, sus cosas, su ropa (incluidas sus zapatillas Nike tan amadas) y a él también.

Max vagaba entre las llamas que incendiaban su living, se arrepentía de tener suelo de madera, veía como sus sillones se reducían a cenizas, como todo se destruía lentamente.

Por un segundo Max vio como todo se destruía y sonrió, porque sabía que sus culpas se estaban yendo  junto a todo lo demás.

Afuera de la casa Juan reacciona, se despierta con dificultad, se levanta y ve el humo saliendo desde el living. Intenta recordar. No puede. Hace un esfuerzo y recuerda a Max entrando nuevamente a las llamas.
Renata aparece desde la galeria, a su lado un medico. Auxilian a Juan mientras Renata no para de gritar buscando explicaciones de donde se encuentra Máximo. Juan con sus pocas fuerzas dice: "Sigue adentro"

Renata mira la casa, el living humeante, y sin dudarlo va corriendo hacia adentro. Corre.

Máximo se deja tomar por las llamas que comienzan a rodearlo lentamente. Renata aparece dentro desde el comedor y le grita: "Maximo!"

-Andate. Yo me quedo, no hay nada que me necesite afuera.

-¡¿Te volviste loco nene?! Tenemos que irnos.

-Se acabó Renata. (Mira hacia el techo, el mundo se detiene durante un segundo, todo se pone en silencio) Todo esta perdido. (Entonces los sonidos vuelven bruscamente con una explosión.)




Máximo


Max mira el cielo, se hamaca en una hamaca de la plaza. Mira los pájaros. El frío del invierno ya llegó a su pequeño pueblo. Las heladerías ya hace tiempo se dedican a vender tortas y cafés, abandonaron los helados hace semanas. Mira a su alrededor. Piensa que debe ir al oculista. Se cuestiona si en su otra vida tendrá tiempo de ir al oculista. Si se podrá hacer eso, supone que se puede.

Mira la gente pasar. Mira los nenes repletos de abrigos correr por la plaza. Mira el mundo a su alrededor. Entonces ocurre. No ve paz. Todos están en paz menos él. Su pequeño castillo de mentiras se derrumba ante la realidad ajena. No puede vivir más de esta manera. No puede seguir en un mundo en donde nadie lo considera más que un mentiroso.

Nada de lo que ve le parece justo. Entonces por primera vez se imagina su futuro. Irá a la cárcel, lo sabe. Pero no le preocupa, no tiene miedo. Ya no.

Su iPhone suena. Max responde. Renata le grita a viva voz del otro lado. Llora. "Juan se esta prendiendo fuego adentro de la casa" "¿Qué casa?" responde sin entender Máximo, "¡Tu casa pelotudo!" 

Máximo mira la plaza, mira a su alrededor. Sale corriendo y se sube a su Ford Ka negro, acelera a toda marcha. El final estaba cerca. Lo sabía.



Max mira hacia atrás  aparecen caras, expresiones, recuerdos. El día que conoció a Carolina, y como la perdió aquella noche en el baño. Recuerda a Ester, y lo triste que era ella en el pueblo. A Renata, a la prostituta que contrató hace meses para que sea su novia y ahora lo es en la realidad. A Nancy y su accidente. A Norma, las mentiras que le dijeron y su final en la cárcel. A Agustina, el amor de su adolescencia y a quien arruino la vida hace horas. A Mariana, la camarera, y cuando descubrió que en realidad trabajaba para su padre. En Lorna, la psicóloga que lo ayudo a cambiar su forma de mirar las cosas. A Sol y Franco, y como terminaron desapareciendo hacia Tierra del Fuego para que dejaran de estorbar en la historia. A Juan, quien estuvo siempre a su lado, que lo apoyó y jamás lo dejó errar. Y por ultimo a Pablo, su amigo incondicional y su accidente en España que le costó la vida. Piensa en cada uno de ellos mientras acelera. Piensa en su madre, la Niña Buena, la mujer que más problemas le trajo y que jamás estuvo cuando la necesitó.



Máximo llega a la casa, la mira, el fuego ya tomó la mayor parte, pero a él no le importa y entra, se lanza a las llamas. corre por su amigo. A él no le va a fallar. Corre entre las llamas de la cocina, se quema la mano izquierda y mientras el dolor lo hace gritar agradece por dentro que no se tratara de la derecha. Sigue corriendo. Llega al living y ve a Juan tirado en el sillón en llamas. Lo levanta y lo hace salir por la puerta que lleva al deck y a la pileta. Lo tira dentro. Para que las llamas que lo rodeaban se apagaran, revisa que su amigo reaccione.

Entonces vuelve a entrar.

Lealtad ciega

Juan entra en la casa. Está vacía.

Fue en busca de un bolso que nunca se llevó, y Máximo tiene la costumbre de dejar la puerta de atrás siempre abierta. Camina hacia la escalera, pero entonces nota que una de los pedazos que hace de puzzle en el piso de madera no está. Se acerca con cuidado.

Juan mira hacia abajo y lo ve, bolsas repletas de droga, y algunas con dinero. Mucho dinero. Mucha droga.

El ex inquilino sale corriendo. Tiene miedo.
Se sube al auto y se queda paralizado frente a la casa. No sabe que hacer, está inmóvil. Entonces llama.

911 marca en su iPhone. Espera a ser atendido e informa de un gran contenido de droga encontrado por casualidad en Los Olmos 944. Corta y se queda paralizado. No sabe si esperar a la policía o marcharse lo más rápido posible. Tiene miedo.



Mira la casa. Su casa. Entonces reacciona. Lo que hizo esta mal. Nunca tuvo que hacerlo. Así que se baja del auto, va al patio de Max, toma un tanque repleto de gasolina y lo vuelca en el living, cocina y comedor. Luego con mucha perfección enciende un fósforo y lo tira al suelo. Entonces todo se quema. Juan se dirige hacia el living. Se sienta en el sillón y se queda allí. Esperando que pase un milagro.

Esta tranquilo, protegió a sus amigos, si es que aún lo son, de la policía destruyendo las pruebas que lo incriminaban. Pero posiblemente muera en el fuego. Mira el techo, cierra los ojos y se queda quieto.

Ya no tiene miedo


Revenge (Parte 2: Trabajos sucios)

Una taza de capuchino con demasiado azúcar acompaña a Max en su momento de catarsis. Agustina, su amor de la infancia, lo acompaña en su momento de pena. La perdida de un pariente siempre conmovió a Agustina. Máximo recuerda que una vez en el secundario, ante la noticia de la muerte de la abuela de una compañera, lloró media hora en el baño. Era una adolescente muy sensible. Y lo sigue siendo.

Los hijos que la mujer tenía con Benito Torres corrían por todo el living, jugaban, se reían. La felicidad dentro de esa familia se veía a kilómetros. Agustina escuchaba como Máximo contaba su historia. Como no pudo hacer nada, que sostenía que su abuela no tenía nada que ver y que si permanecía en la cárcel probablemente moriría allí. Agustina lo entendía, hasta que llegó el momento de mayor necesidad del joven y   lo abrazó. Máximo se siente bien, y rápidamente confunde ese abrazo con algo más, suelta a Agustina y la besa. Sus labios se tocan, mojados, se unen. Entonces se escucha el ruido de la llave pasando por el picaporte y entra Benito a la casa. Máximo lo odia una vez más. Eso beso fue autentico. Como los que él siempre tuvo con Agustina. Sintió todas las sensaciones que un beso de amor te hacen sentir.



Pero el beso quedó atrás. Agustina saluda a su marido con un beso en la boca y entonces ocurre.

-Veni dale, Benito, te acordás de Máximo Lagreca, era compañero nuestro del secundario.

-Como olvidarlo, ¿Qué haces Max?

-Todo bien, ¿Vos?

-Bien, bien, tenemos mucho que hablar no, ¿Te quedás a cenar?

-Me encantaría. Paso al baño y enseguida estoy con ustedes.

Máximo pasa al baño. Pero no tendría que haberlo hecho. Las paredes de la casa de Benito son traicioneras. Y Máximo tiene muy buen oído.

Agustina en la cocina hablando con Benito.

-¿Para que lo invitaste?

-¿Qué no te cae bien? Si estaban tomando un café cuando llegué.

-Sí, pero esta medio chapita, me encaró un beso el muy desubicado. No sé que le pasa.

-¡¿Te besó?!

-Sí, pero le corrí la cara enseguida, menos mal que llegaste porque si no le tenía que meter una cachetada.

Máximo se queda paralizado, sale del baño y va directo hacía su mochila, toma un sobre y lo deja sobre la mesa del living donde la taza de su capuchino con mucha azúcar sigue en esperándolo por la mitad. Sale de la casa y se sube a un taxi.

Tardaría exactamente 49 segundos Agustina en recorrer de la cocina al living y abrir el sobre para ver las fotos de su marido teniendo sexo con una compañera de trabajo. 1:30 minutos en reaccionar y en empezar a gritar y 15 minutos después ya estaba prácticamente separada y Benito en la calle, sin nada más que lo puesto. Esos 17 minutos y medio duraron horas para Agustina. Pasó toda la noche llorando. Y sus hijos no volvieron a corretear por el living con felicidad después de esa tarde.


martes, 14 de mayo de 2013

¿Cuanto nos queda?

La duda no siempre nos lleva por el buen camino... Aveces nos dispersamos en ella y perdemos el foco de lo que inicialmente estábamos haciendo. A Max eso le ocurría frecuentemente. Se olvidó por completamente de Benito y su venganza por unos días y siguió con algo que realmente lo envolvía en un problema. Su abuela.

Ir a una cárcel no le gustaba a nadie, pero a Máximo en ese momento lo que menos le importaba era entrar en esa clase de lugares. Ir a ver a Norma era de fundamental importancia. Algo que no podía dejar de lado. Ya que si Norma hablaba de que él unos días atrás se había enterado de que su madre vivía y que su padre también, iría preso por cómplice de la mafia de muertes falsas al igual que su abuela.

Pero nada de eso ocurriría si Norma se callaba el detalle.

Máximo llega a la prisión y la observa desde afuera detenidamente. Es raro saber que su abuela esta dentro de un lugar tan sucio y peligroso como ese. Mira la hora en su iPhone, las 5:05 pm, la hora en la que Max entrará en una sucia y fea cárcel.



Tras pasar por un detector de metales, que lo manosee un policía para ver si lleva armas, que le tomen las huellas digitales de todos los 10 dedos de sus manos, Max logra ver a su abuela. No era como en esas películas en donde las visitas se hacen atravez de un vidrio y hablando por un teléfono. No. Max se encuentra con Norma en un patio lleno de vírgenes y cuadros religiosos, en las proximidades de una capilla precaria. La mujer esta desmejorada, no esta maquillada, despeinada y su ropa no es la misma lujosa de siempre.

-Hola Abuela.

-No te pongas en pelotudo y decime que venís a sacarme.

-No, pero los abogados están en eso.

-¿Sabes que es lo peor de todo esto? La yegua de Nancy me entregó porque no le deje tener al pelotudo del hijo de vividor en mi casa.

-Lo tenías merecido en el fondo.

-Mira Máximo, yo te tengo confianza a vos... Pero decime que voy a salir o te juro que vas a decidir no haber nacido... ¿O te olvidaste que vos también sabias que la perra de tu madre vivía?

-Pero yo lo supe solo al final...

-No me vengas con eso... Lo sabias y punto. Así qué sí yo no salgo vos vas a terminar ocupando mi lugar.

-Eso no va a pasar abuela, te voy a sacar... No se cómo pero vas a salir.

-Espero que sea así. Mira Máximo... Te lo repito por última vez, dentro de una hora es el juicio de la pena y si yo no salgo hoy, voy a tener que estar mucho tiempo acá adentro. Eso no puede pasar...

-No te preocupes abuela, vas a salir.

-Eso espero Máximo. Bastante podrida me tiene mi compañera de celda.

-¿Quien es? ¿Conocida?

-No, una vieja que mató con unas masas rellenas de cianuro a las amigas.

-Me suena.

-A mi no...

Máxima concluye la charla con su abuela y se va del penitenciario. Llama a los abogados, pero lamentablemente las noticias no son buenas. El juez ya dicto la pena. 39 años de prisión a la acusada de estafa Betina DeLazaro y 5 años a su supuesta cómplice Norma, la madre.

Máximo mira su iPhone, 6:00, la hora en dónde su abuela esta siendo condenada, y seguramente lo estará acusando a él también... Le queda poco tiempo...